PRIMERA
El mundo entero esperaba -con ojos de risa, unos y preocupación, otros- que la Argentina explotara en mil pedazos, comiéndonos o matándonos unos a otros…
Sin embargo… no fue así
Pero si todo indicaba que el golpe de gracia se materializaba día a día de esa segunda quincena de diciembre, desde los saqueos a negocios hasta la sangre argentina derramada si razón de ser…
Sin embargo… no fue porque sí
Fue en esa Nochebuena cuando cada argentino, -con un nudo en el corazón-, abrazó a quien tenía a su lado deseándole lo mejor…
Así fue la Navidad argentina que dobló el curso de su propia historia
Ponemos la lupa en 7 barrios marginales de la ciudad de Córdoba, que recorremos diariamente y contamos los hechos tal cual sucedieron por esos días:
Esos barrios son: Villa Libertador, Santa Isabel, Los Olmos y Kairos de la zona sur; Yapeyú y Pueyrredón hacia el este y Km 8 hacia el norte.
El efecto dominó con la desorientación de la dirigencia del país y el descreimiento en la clase política señalaba una clara situación:
- sin conducción vertical,… sin dinero la clase media,…sin trabajo y ni un centavo en los bolsillos,… nos llevó a mirarnos unos a otros en rápida reflexión:
"¿y qué quiere? Nos mandan a 'atracar' el centro y que nos van a pagar"
"y, algunos decidimos quedarnos quietos... ¿qué culpa tiene ese dueño del negocio del barrio?... ¿qué ganamos con agarrarnos unos contra otros?... ¿solucionamos algo así?"
"¿qué voy a hacer?, mi patrona dice que no vaya a limpiar porque no tiene con qué pagarme…y ahora ¿qué hago con mis hijos?"
Fue casi al instante que surgieron en estos 7 barrios tres cosas simultáneas:
las asambleas barriales
los clubes del trueque
los comedores comunitarios y las ollas populares.
En la medida de sus posibilidades todas: gobierno provincial y municipal, empresas, las iglesias y las organizaciones de la sociedad civil de todos los tipos, credos y colores contribuían con los alimentos, los trueques de bienes y de servicios.
Y la gente común de todas las edades contribuía en mayor o menor grado para hacer más llevadera la crítica situación de cada día.
Así pasó enero, febrero… hasta hoy.
Entonces el matrimonio Suárez se presenta una mañana al comedor comunitario agradeciendo la comida pero anunciando que ya no volverían allí: "mi esposa y yo (él: 78 años, ella: 75 años) hicimos una huertita en el fondo de casa y con lo que cosechamos nos alcanza. Lo que sobra lo llevamos al trueque y así adquirimos el resto. Pueden destinar nuestras raciones para otros que lo necesiten".
Ha llegado el momento de resaltar el factor preponderante..., el verdadero causante de esa conducta horizontal argentina que circuló a lo largo y ancho del país…, llevando a millares de pequeñas salidas individuales y colectivas.
Son los artífices de esa calma interior que nos recuerda diariamente el:
"volvé a empezar"
"mirá bien"
"primero escuchá"
"fíjate por dónde vas"
"aprendé de la experiencia ajena"
"vale la pena…sí, vale la pena!"
"tené cuidado"
"hay que tener paciencia"
"¿qué ganás con enojarte?"
"no aflojés ahora"
etc..., etc…, etc.…
Les llamamos "la población invisible" porque no se los tiene en cuenta.
Les llamamos "los sobrevivientes de la Argentina" porque las pasaron todas.
Ellos son …"Nuestros Mayores"
Y… ¿quiénes son? … Es muy simple
SEGUNDA
Vinieron de muy lejos… Traían el peso de un triple trauma: a) El horror de la guerra que los decidió a huir, abandonar sus raíces, sus afectos, sus bienes; b) El duelo y la orfandad por la pérdida de seres queridos o la separación de ellos en búsqueda de la supervivencia; c) Llegar a un país extraño en idioma o en costumbres, reglas y posibilidades…
Sin embargo, resolvieron ponerse de pie… Apelaron a sus creencias, a su cultura ancestral, a sus habilidades. Reunieron fuerzas de su identidad, que -en muchos casos- era lo único que tenían: su identidad. "Eso" es lo único que estaba claro como el día, aunque todo lo demás parecía haberse oscurecido…
Y "eso" fue lo que les ayudó para aferrar sus manos a un arado, una herramienta, una tela, un cuero, una máquina, una masa y así comenzar de nuevo… Aunque la mente y el corazón permanecían lejos, sus brazos y sus pies abrían surcos, plantaban oficios, echaban raíces e iniciaron pueblos.
Mientras tanto, los hijos de esta tierra compartieron con "ellos" su lugar, porque había para todos. Y poco a poco, dejaron de ser "ellos" y de ser los "nuestros" para ser "nosotros": los ciudadanos de esta Patria. Pero esta bendita Tierra no se dejó ganar en generosidad y les devolvió con progreso y prosperidad todos sus esfuerzos, sus lágrimas, sus anhelos de lo que quedó allá muy lejos ya en el tiempo y el espacio…
Así se formó la Argentina grande, que una vez llegó a ser el granero del mundo…
El tiempo fue testigo de lo que vino después… El sol, la luna y las estrellas miran también, día y noche… noche y día los avatares de la naturaleza con sus pueblos que la modifican a su antojo. De los bienes acumulados que también manejan a su antojo. De las leyes y reglas que se imponen una sobre otra y otra y otra…reglamentando todo y poniéndole precio a todo. Sólo el aire aún lo respiramos libremente, aunque a veces hemos de luchar para que no nos asfixie.
Estamos transitando los años 2000 con una población de todas las edades. Entre ellos están nuestros mayores… aquellos que construyeron muchas de las realidades que ahora disfrutamos nosotros…y que también nos transmitieron su historia:
Muchos de ellos confesaron que, durante años, no podían escuchar el paso de los aviones sin sobresaltarse por sus recuerdos aterradores…
Nos enseñaron a valorar la familia y los afectos. Nos animaron a permanecer siempre unidos…, porque es desgarradora la separación forzada, no buscada, de un ser querido.
Nos enseñaron a creer, a tener ideales, a pesar de todo.
Y nuestras redes sociales las tejieron con sus vidas y nos enseñaron a tejerlas con nuestras mentes y corazones abiertos a todo lo bueno.
Y de esa sangre nos llegó este ADN pacifista y solidario, que se va haciendo cada vez más duro como este suelo que ellos mismos abonaron para nosotros.
Sí, tenemos inmunidad propia: es la herencia de nuestros mayores…, quienes son nuestras raíces, nuestra historia.
Este es nuestro punto de partida; nuestra identidad.
TERCERA
Lo esencial es el concepto de ser humano como UNIDAD GLOBAL, con varias facetas: aspectos biológicos, sociales, psicológicos, afectivos y culturales. Este hecho integral define a la esencia misma del hombre, con sus áreas física, psíquica, espiritual y social, en una interacción constante durante todas las etapas de la vida.
Entonces, la sociedad, teniendo en cuenta este concepto integral, va tomando las medidas que correspondan. Así van naciendo instituciones, conforme a las necesidades sociales. Por ejemplo: en 1970 se crea el INOS (Instituto de Obras Sociales) con las sucesivas modificaciones en 1980 y en 1989 y las posteriores observaciones hasta 1999.
En mayo de 1971 aparece el PAMI en el escenario argentino. La ley 19032 crea el INSTITUTO NACIONAL DE SERVICIOS SOCIALES PARA JUBILADOS Y PENSIONADOS que lo define como "entidad de derecho público, con personalidad jurídica e individualidad financiera y administrativa" (art. 1º); que "tendrá por objeto principal la prestación, por sí o por intermedio de terceros, a los jubilados y pensionados del régimen nacional de previsión y a su grupo familiar primario, de servicios médicos asistenciales destinados al fomento, protección y recuperación de la salud" (art. 2º); que "podrá prestar otros servicios destinados a la promoción y asistencia social de los afiliados, tales como subsidios, préstamos, con o sin garantía real, vivienda en comodato mediante programas y asistencia financiera de la Secretaría de Estado de Vivienda, asesoramiento y gestoría previsional gratuitos, promoción cultural, proveeduría, recreación, turismo y todo otro servicio que el Directorio establezca" (art. 3º); que "a propuesta del Directorio, el Poder Ejecutivo podrá hacer extensivo el régimen de la presente ley, en las condiciones que fije, a las personas de sesenta o más años de edad o imposibilitadas para trabajar, o que gocen de pensiones graciables, a la vejez o de leyes especiales" (art. 4º).
También es interesante resaltar que "el Directorio del Instituto podrá convenir con los gobiernos provinciales y las municipalidades, la incorporación al régimen de la presente ley de los jubilados y pensionados de las Cajas o Institutos locales" (art.12º).
Tres años más tarde el PAMI reglamenta y amplía sus servicios con "atención domiciliaria programada, auxiliar domiciliaria, centro de día, residencias protegidas con cuidado médico, para internación geriátrica y psiquiátrica, con alto o bajo grado de dependencia. También las residencias para mayores sanos, pensiones y hoteles familiares y viviendas en alquiler" (Resol. 065/74, art. 2º y 3º).
Más adelante normatiza las prioridades para internación geriátrica, como último recurso, para los ancianos solos, sin vivienda ni recursos económicos y problemas de salud" (Resol. 025/79, anexo I).
Desde entonces y hasta la fecha el PAMI cuenta con el poder y los medios para ser la Obra Social más grande de Sudamérica.
Está en su esencia el cubrir las demandas de las personas mayores de una manera integral, ésta es su razón de ser.
Pero hoy, las personas de edad, en nuestro país, se encuentran en una situación de desventaja global en todos los aspectos que atañen a la vida del ser humano. Esto compromete a la sociedad completa, porque sus partes son inseparables, insustituibles e influyen íntimamente en las demás y el conjunto hace al todo.
Una sola reflexión: ¿Qué hubiera sido de nuestros mayores si no existiese el PAMI? ¿Qué va a ser de nosotros si el PAMI no se cura de sus dolencias internas y externas?... En nombre de miles de abuelos -que no pueden esperar- le deseamos al PAMI la pronta recuperación de su integridad inicial, de su identidad que la convierte en la Obra Social más grande de Sudamérica.-
CUARTA
La realidad del hombre en sí mismo contrasta demasiado con el ecosistema artificial o cultural de la ciudad actual, cuyo error principal es basarse en la idea de que sólo existe un tipo humano "ideal". Esta idea por definición no acepta el cambio por edad, enfermedad o discapacidad. Por eso, cuando un individuo presenta alguna modificación (sea transitoria o permanente) se altera su relación con el ambiente y queda automáticamente "excluido" dando lugar a la segregación convirtiéndose en población invisible: así se llama mundialmente a esa franja poblacional confinada a sus domicilios (particulares o institucionales) en forma transitoria o definitiva debido a limitaciones de cualquier tipo.
Comencé -hace veinte años- a buscar "algo" donde encauzar todas las energías para paliar un poco la miseria e injusticia que diariamente respiraba en el hospital público donde me especializaba.
Llegan las grandes desilusiones institucionales. No es que no haya entidades en nuestro país -en la reciente democracia- para solucionar los graves problemas sociales: están pervertidas en cuanto a su funcionamiento y sus fines. Cuando éstos son la ambición personal de cada uno y no el bien del anciano que -en definitiva- es la causa y el fin de la existencia de esa institución, todo se trastoca.
Así nació FAIDELA para dedicarse a esa población invisible que si bien abarca todo discapacitado de cualquier edad y condición, se comienza con los adultos mayores carenciados, porque son los más desamparados. Se establece así la prioridad para esos sobrevivientes de la Argentina: nuestros mayores, que son nuestras raíces…, nuestra historia.
Entré al mundo de los ancianos con problemas de salud, sin recursos económicos y sin familiares que se ocupen de ellos: son los que están en manos de instituciones como por ejemplo el PAMI, las que deciden su destino hasta el final de sus días. Casi sin darme cuenta me encontré resolviendo problemas graves, lamentables, que de día en día sumaban cientos. En cada uno de estos problemas se mezclaba la satisfacción de poder hacer algo, con la impotencia -en la mayoría de los casos- de no poder suplir lo insustituible: sus lazos afectivos, su derecho a la vida, a la salud y a una condición digna por el solo hecho de ser persona. Sin pensarlo siquiera entablo guerras contra los explotadores de situaciones y de seres indefensos, desprotegidos, enfermos, sin familia y sin dinero. Desde entonces me veo envuelta en una lucha diaria para que "esos" ancianos reciban mínimamente comida y asistencia digna de un ser humano. Esto que es fácil de decir y tan natural, es lo extraordinario. Lo común era: condición infrahumana tanto en el trato como en la comida y aseo. Verdaderos depósitos humanos, donde el anciano no tiene derecho alguno y "todo" lo que se hace por él es un gran favor y de lástima. Y esto cuando alguien se preocupa por ellos, llámese PAMI o algún familiar con un poco de conciencia del deber, porque no se habla de afecto -generalmente- cuando se trata de un viejo aunque éste sea el padre o la madre. Cuando los familiares los abandonan, -que son la mayoría- y no hay instituciones que supervisen esos lugares, pueden llegar a ser el infierno en vida.
Sinceramente no exagero ni un gramo. Mi ingenuidad se dio contra la pared, cuando constató que la realidad supera la ficción. Porque ahora el abandono se ha extendido a la atención que reciben en sus propios hogares, entre los "suyos": a veces visitamos ancianos "tirados" en el cuarto de "atrás" en condiciones indignas de un animal doméstico. Por otro lado, los despojan de sus bienes, obligándoles a firmar poderes con los cuales venden sus propiedades dejándolos en la calle; y en los casos extremos, hasta sin ropa, los depositan en los hogares geriátricos. Y tenemos que ser testigos impotentes de semejantes injusticias, porque según dicen los abogados si el anciano no demanda, nadie lo puede hacer… ¿?… Y sorprendentemente no he presenciado ni un solo caso en todos estos años donde el anciano o la anciana denuncien a sus propios hijos o parientes. Se entregan a una resignación y dolor que les acelera el fin.
Evidentemente el cáncer que asola la Argentina: egoísmo, incomunicación, competición estéril, etc., se desquita primeramente con los más desamparados de la sociedad.
Se suma la crisis económica, que colmó la paciencia y quebró las mejores costumbres que siempre tuvimos en las familias argentinas (por ejemplo la de cuidar y venerar nuestros mayores).
Está muy lejano mi bautismo de fuego en aquel primer servicio a domicilio: sacarle los gusanos de la pierna derecha a la abuela Carmen, que ni ella se veía ni sentía, de esa úlcera crónica a merced de los calores y moscas de octubre.
Todo esto no hace más que ponernos una inyección de ganas de gastar los días y energías en hacer algo bueno, noble, útil y de gran tranquilidad para aquellos seres humanos que vivieron antes que nosotros, por lo que se merecen en justicia vivir mejor su ancianidad. Ya pagaron su "derecho de piso" y ahora están disminuidos psicofísica, social y económicamente y es cuando necesitan nuestra ayuda. Es decir: un sector de la sociedad apoya y defiende a otro, porque antes fue viceversa.
Dra. Ana Teresa Aguirre